Me voy consumiendo en el paraje insólito y espeso de la selva, la niebla me ciega, me aturde y el bosque se mete por los ojos, me adentro dando zancadas a toda prisa, las ramas secas se hunden en mi piel y ya no doy más del cansancio, siento como mi pulso se acelera el corazón se me sale y me obliga a parar,  miro los rasguños y heridas que bajan por los tobillos y crucifican mis pies, no se si todavía vienen con sus capuchas.   En eso escucho disparos cercanos – Oh Dios, muero del miedo!.

Esta mañana no tuve tiempo de recoger mis cosas, en medio del descanso de mi cama retumban detonaciones y sabiendo que nos andan buscando hemos huido así no más con lo que traíamos puesto.

Viene mucha gente entre la maleza, en sus caras el terror más oscuro, voy al mismo compás pero en eso tropiezo y caigo, me revuelca en el suelo una estaca fría en la espalda, caí en un reguero de sangre que ha ensuciado el paisaje: los bichos de campo, los dandeliones y la tierra oscura, nadie se detiene porque el miedo es un fantasma que acecha y doblega hasta la mente más fuerte.  

Agarré ánimo para enfrentar los ojos de mi agresor y me percato que no hay nadie,  ni el charco de sangre siquiera, me levanto del suelo al oír pasos casi encima mío pero sólo son los otros, todo es una confusión, nadie sabe quién es bueno o quién es el enemigo camuflado, yo me repito a mí misma que vengo de la hecatombe donde todas las provincias gritan y mueren en esta guerra odiosa, que… Nos percatamos que ya casi nos dan alcance, muy tarde ha sido, nos dieron caza como bestias,  me arrastran fuera de las tinieblas del bosque,  voy sintiendo en mi cabeza todos esos escombros de nuestras casas vacías,  de las calles, los inmensos bloques de cemento despedazados,  el vapor hediondo de lo que fue destruido,  me han metido en un camión negro como el mismo diablo, con la cabeza envuelta en un trapo pestilente a sudor, un golpe en seco con la culata de un arma y caigo.

Me desperté mucho después, aquí está María, nos reconocemos y nos abrazamos tras los barrotes fríos, yo lloro y ella ahoga un sollozo lastimero,  abren las rejas violentamente, miramos al suelo y solo vemos las botas de la muerte, nos tiran a la pared, suplicamos.

Entra alguien con su cara cubierta por un pañuelo,  nos obligan a hincarnos,  un disparo al vacío…  no supe más,  dejamos de existir?,  dónde están todos?  

Por Jill B.V.

 

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