Ayer necesitaba un abrazo fuerte
que resonara en el aire
con vibraciones envolventes
capturando este corazón
que a veces se quiere fugar.
Deseé un abrazo latente con sonido de guitarra
que se oiga mi desesperanza así como cuando uno se pone una caracola al oído para escuchar el océano
no importa si está bravo o en calma
tan solo para que me contara algo.

Además le pedí a la caracola que me trajera un beso de tu boca húmeda y llena de verdades.

Ayer me besó la noche cuando me encontró sola,
me abrazó tibia y compasiva
mientras yo temblaba del frío helado
aún cuando provengo de un trópico noble.

De seguro esto venía de adentro
y necesitaba el fuego de la oscuridad
que me arrullara hasta dormir.

Por Jill B.V.
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